miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA ESPIRITUALIDAD

LA ESPIRITUALIDAD
demo 24

a) Interioridad y espiritualidad :

 Ya se ha comentado que interioridad es un ámbito amplio difícil de definir; con todo, podemos afirmar que la interioridad, cuando se plantea como ámbito que apunta a la transcendencia, que trata de encontrar respuestas holísticas, cuando pretende experimentar una fuente de sentido y unificadora del ser, nos conduce a la espiritualidad.
 La interioridad es un ámbito de la persona que, en la medida en que se pone en movimiento, toma una dirección, nos lleva al actuar, al sentido que se da la persona a sí misma, se vuelve espiritual. Cuando al cuidado de la dimensión interior le sumamos un sentido (ético, estético, noético), ese cuidado se convierte en búsqueda espiritual. No es pensable una espiritualidad sin interioridad. Interioridad y espiritualidad van estrechamente unidas. La interioridad se puede presentar como una dimensión autónoma, que tiene valor por sí misma, y que acabará desarrollándose, o no, en una espiritualidad laica o religiosa.
Podemos entender la espiritualidad como:

  • una apertura, un trayecto, un proceso
  • hacia el ámbito de la experiencia y conocimiento que va más allá de lo racional.
  • que abarca la totalidad de la experiencia humana, a la que llena de sentido,
  • que tiene como característica clave el desplazamiento del ego del lugar central de la vida humana,
  • lo que permite que emerja en este espacio central una experiencia poderosa,
  • indefinible y realizadora, que aparece como un fundamento sin forma,
  • expresado históricamente mediante imágenes y símbolos, complementarios y diferentes (Unidad, Absoluto, Vacío, Dios, Silencio, Amor, Sabiduría, Energía, Misterio, etc.).
La espiritualidad se suele referir  a una relación personal con una fuente universal, un poder o una divinidad. Esa  relación evoca esta esencia espiritual que, para unas personas, mediante una serie institucionalizada de creencias y rituales compartidos colectivamente, variables según culturas,  se puede denominar religión y, para otras personas, centrado en algo menos organizado, en algo más personal y difuso, se denomina sencillamente espiritualidad.De lo expuesto se desprende que por espiritualidad, sin adjetivos, se entiende algo personal, subjetivo, espontáneo, privado, natural, de experiencia universal, de carácter funcional para afrontar problemas de sentido, formas de ser y de creer que tienden hacia la plenitud.
La interioridad, articulada en torno a una dirección, nos posibilita vivir el momento presente con densidad y es condición de posibilidad para la propia transformación personal y para una acción comprometida con la realidad. La riqueza de la interioridad es clave para encontrar sentido al vivir y gustar de una espiritualidad que enriquece, porque la interioridad será el espacio en el que puedo experimentar qué es la libertad humana y desde dónde puedo percibirme como un “yo” recibido por Alguien, como don de Alguien; aprendizaje que posibilita que el sujeto se pueda entregar de forma íntegra, en cada acción, por pequeña que sea.

 b) Cultivo de la espiritualidad: 

Es evidente que en nuestro quehacer educativo nos interesa, debe preocuparnos y convertirse en objetivo primordial, el cultivo de la espiritualidad. En primer lugar en sentido amplio, entendido como el dotar al sujeto de un sentido para su yo en la vida y de una dirección a la que empujar la vida. Pero también entendido en un significado más concreto, en aquel en el que los grandes maestros de las nobles tradiciones religiosas enseñan, con distintos caminos y métodos a cultivar y desarrollar la espiritualidad.Como el cuerpo, la espiritualidad también requiere de una ejercitación para que alcance su plena madurez. En este punto, parece de justicia reconocer que las tradiciones religiosas son herederas de un proceso, en algunos casos milenarios, de sedimentación de prácticas y experiencias espirituales, que las convierte potencialmente en maestras en el cultivo de la espiritualidad y en el desarrollo de la interioridad. Digamos que las religiones son, potencialmente, unos “andadores” de lujo, difícilmente sustituibles, a la hora de enseñar a caminar a las personas por la difícil senda del cultivo del “espacio interior espiritual”. 


ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

 a) Espiritualidad y Dios:

Oración a Dios para pedir ayuda en casos imposiblesHemos apuntado más arriba que la interioridad por la que apostamos es una interioridad que posibilita la apertura a la Alteridad originaria y al descubrimiento de los otros. La interioridad que queremos cultivar, pues, es la viva conciencia de que todo está dentro del amor, de la vida, del Absoluto, de Dios. La interioridad no es el lugar donde yo me retiro por decisión propia, sino es caer en la cuenta de que yo estoy dentro de Alguien o que hay Alguien dentro de mí.
La interioridad es consubstancial a la existencia. No es algo estático, sino dinámico: la constante fuerza centrípeta hacia lo Absoluto. La conciencia de estar “dentro” de Dios, de que todo está dentro de Dios, descubrir esta conciencia y gozarla es para nosotros ser una persona interiorizada. Todo el mundo tiene la posibilidad de descubrir su interioridad, de descifrarla y, conociéndola, amarla y vivir desde ella. Es entonces cuando se nos da la llave para dar un nuevo paso y abrir la puerta de la espiritualidad. 
La interioridad, desde la perspectiva cristiana, desplegada en interioridad no puede prescindir nunca del éxodo del yo, hacia el Otro, y eso provocará la relación entrañable con el misterio mismo de  Dios que es amor (1 Jn 4,8). Es el misterio mismo que en el cristianismo se define como Dios-Trinidad.
Por eso la interioridad para una persona cristiana siempre es espacio para acoger, espacio desde el cual salir hacia el otro,  en un movimiento de amor y de pasión, es decir, participación en el movimiento trinitario que desde el amor sale de sí en amor por la creación e introduce lo creado en este juego de amor. El cristiano vivirá su interioridad, transformada en espiritualidad, con amor y pasión.
 

b) Jesucristo culmen de interioridad: 

Para los cristianos, el Absoluto, descubierto como amor, como Dios trinitario, se conoce y se desvela en su plenitud en el hacer y decir de Jesucristo, en su persona.  Como cristianos creyentes nuestra experiencia del Todo y del Uno, en nuestra interioridad, nos lleva a Cristo, la fuente, la presencia, la meta y el sentido de nuestro mundo interior. En Cristo intuimos a ese Otro que sentimos en nuestro interior, más íntimo que nosotros mismos, y a la vez habitándolo todo. Cristo termina siendo el objetivo de nuestro camino a nuestra interioridad. Si renunciamos a la persona de Cristo en cuanto camino para adentrarnos en lo Absoluto “absoluto”, en lo que está más allá de toda forma y concreción, nos perdemos; porque además de ser  Jesucristo la meta de nuestra búsqueda, es referencia y modelo de persona que con mundo interior pleno, vive la realidad comprometidamente desde su ser más íntimo.
Y de ahí que la pedagogía que nos lleve a la interioridad de cada persona, desde nuestra perspectiva, no culmina y no se completa si no busca entregar y descubrir a Cristo en lo más íntimo del ser, en los repliegues del corazón humano; un Cristo que seduce por su hondura, su descentramiento y generosidad y que invita a salir del sujeto mismo, para descubrir a los otros como hermanos, amar la realidad, defectuosa e incompleta como es, y comprometer el yo y todo lo suyo, para transformarla. El compromiso social, la solidaridad con los vencidos, viene a ser como la prueba definitiva de un cultivo de la vida interior que merece la pena. Sólo la experiencia religiosa, religada al interior, puede fundar y consolidar el compromiso con los desgraciados o los débiles, y darle la resistencia y la duración necesarias.Hoy, los cristianos, animados por el vivo deseo del diálogo interreligioso, de tolerancia y aprecio a los otros, tal vez, confundimos el acercamiento y la humildad con un sincretismo o una nivelación que nos empobrece a todos. En la sociedad multicultural y multirreligiosa que vivimos, entendemos que no se trata de difuminar nuestros perfiles cristianos y de diluir nuestra específica espiritualidad cristiana, más bien al contrario, debemos ser conscientes de que hay un lugar de unión entre lo increado y lo creado, entre todo y todos, y este lugar es Cristo Jesús, y en Él todo está recapitulado para participar en esta unión, más allá de los meros sistemas religiosos u opciones pers
onales.

c)      Espiritualidad para entregarse 

Desde la espiritualidad cristiana, cuando me sumerjo en mi interior, descubro que, paradójicamente, en lugar de replegarme en mí, cuidar sólo de mí y atender lo que a mí me pasa, soy más yo al salir de mí, es decir, al dejar de alimentar mi ego. En el proceso de construcción de la identidad personal, el ego se convierte en el gran estorbo. El ego es una tendencia, que anida en el corazón de toda persona que le lleva a venerarse a sí mismo y a considerarse el centro de la historia, a vivir una interioridad autorreferenciada. Es por ello por lo que se presenta como el obstáculo fundamental al descentramiento para abrirse al Otro y a los otros.
El que se limita a escucharse a sí mismo y a olvidarse del Otro y de los otros, se reduce, en último término, a la nada. El cultivo del ego como estilo de vida tiene como término final el nihilismo de la desesperanza.Sólo el que se abre al Otro y le escucha, es capaz de ir más allá de sus límites personales y del campo de extensión del ego. El ego no se puede identificar con el yo. La negación del ego significa liberarse de esa  tendencia tan arraigada dentro de nosotros a pensar, prioritariamente, en nosotros y olvidarnos del Otro y de los otros. La negación del ego, por lo tanto, no debe identificarse jamás con la negación del yo. No significa, ni mucho menos, la negación de la singularidad de cada ser humano; más bien al contrario en la medida en que el yo se abre excéntricamente a los otros, se recrea constantemente y se desarrolla con fecundidad, mientras que, en la medida en que el yo se encierra de un modo solipsista, se empobrece y la perspectiva vital queda extraordinariamente limitada.Se ha dicho más arriba que las grandes religiones son sabidurías milenarias expertas en espiritualidad; pues bien, en todas las tradiciones religiosas la llamada a ese descentramiento como cumbre y horizonte de la espiritualidad es constante. Con unas u otras palabras, siempre se le recuerda al sujeto que, si quiere que su viaje al interior de su persona sea  auténtico y valioso, tanto más se aprovechará cuanto más saliere de su  propio amor, querer e interés (EE. EE. 189).Es aquí donde debe culminar el trabajo de la interioridad. La dinámica de sumergirse en el propio interior, de entrarse en lo más profundo de uno mismo, de conocerse y poseerse, de encontrarse allí con un Dios amor, paradójicamente debe inducir a escuchar la invitación a salir al encuentro de los otros. Invitación que, con gozo y dolor, llama a practicar la empatía y la compasión, a actuar desde el agradecimiento y con generosidad, a ejercer la comprensión y el perdón,  a trabajar  por la justicia o, incluso, a estar dispuesto a entregar lo propio y hasta la propia vida, por y para los otros. Es aquí a donde quiere conducir la espiritualidad cristiana.   

No hay comentarios.:

Publicar un comentario